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La infanticida, Caterina Albert o cómo llorar a moco tendido

Hay cosas que me hacen sentir muy bien: tomar un vino con amigas, remolonear en la cama un domingo por la mañana, comer un arroz junto al Mediterráneo... Pero hay una cosa que hago a veces, con cierta asiduidad y es LLORAR. Llorar a moco tendido, con hipos y todo, con un sube y baja de pecho, con verdadera congoja. Eso me libera, me limpia el alma como un buen chaparrón de verano limpia el polvo de las calles. Y me quedo tan a gusto, amigas. Y no es que lo busque a propósito pero cuando cae en mis manos un buen material que sé que me va a emocionar hasta las lágrimas, entonces me preparo y... Anoche me pegué una de esas sesiones catárticas y la ocasión me la brindó una escritora, que se escondió bajo un pseudónimo masculino. Caterina Albert ganó els Jocs Florals de 1898 con un texto teatral llamado La infanticida. Y con ella llegó el escándalo. Porque La infanticida es el monólogo interior de Nela, una mujer que vive con su padre y su hermano en un molino, en el campo. Nela se enam...

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